Montehermoso Cultural

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jueves, 5 de junio de 2014

La garulla y el guarda de la carbonera (Historias de Montehermoso)

Montehermoseñas y Montehermoseños y público en general, aquí va otra simpática historia que ocurrió en septiembre de 1984 en Montehermoso cuando Pepe y yo fuimos a “garulla de uvas”. No hay mejor cosa que reírse de uno mismo, esto es más sincero y noble que hacerlo de los demás.

Antes de empezar a contar la historia quiero aclarar a las personas que no lo sepan lo que significa la palabra “garulla”, cuyos sinónimos son pícaro, granuja, bribón o confusión. Ir a garulla significa ir a coger frutas, verduras, o cualquier otra cosa de los campos, huertos o sembrados que no nos pertenecen. La mayoría de las veces eran cosas de muchachos, también se hacía por necesidad, o porque alguien tenía las manos muy largas. Explicado esto, comienzo con la historia.

LA GARULLA Y EL GUARDA DE LA CARBONERA

Era el mes de septiembre del año 1984, recuerdo que era después de la Feria de Valdefuentes, pues por entonces salían las cuadrillas en procesión con la Virgen todas las noches. Los días ya empezaban a ser más cortos y las calles se inundaban del olor de las sopas de ajo y de tomate. 

Quedaba poco para oscurecer por lo que yo esperaba a mi amigo Pepe impaciente a que viniera, teníamos que ir andando hasta el pueblo de Morcillo a ver a unas chicas. Llegó y me dijo “vas mu deportivo”. Lógico, por aquel entonces estaba yo en la mili que era obligatoria y como a muchos otros nos gustaba ir con el chándal de la mili, pero es que para remate llevaba hasta las zapatillas verdes (cosas de aquellos tiempos).

Salimos corriendo desde La Cruz del Ruedo y llegamos ya de noche. Recuerdo que estuvimos con otros chicos y chicas de Morcillo por la zona de la báscula hasta bien tarde. Ya cuando se recogieron le dije a Pepe “bueno tendremos que irnos” y dijo “no te preocupes, que estamos allí en dos patás”.

La noche era clara y con luna llena, íbamos corriendo por la carretera y ¡zas! cada vez que veíamos un coche cada uno por su lado a la cuneta, no pensaran que veníamos de formar una trastada.

Llegando a las cuestas del Canal le digo a Pepe “venga vamos algo ligero para subir antes la cuesta”. ¡Ya, ya! Para que diría yo nada amigos, en esto que sale un perro ladrando del maizal y salimos corriendo que perdíamos las zapatillas.

El corazón casi se salía del sitio y el esfuerzo nos dejó con la lengua por fuera. “Ya se quedó el perro patrás” - gritó Pepe. “estoy fundio amigo” - volvió a decir. Y entonces aligeramos el paso, pero sin dejar de mirar atrás por si acaso volviera el can. 

El perro se aburrió de correr detrás de nosotros y seguro que se quedó pensando ¡hala que estos ya se llevan un buen susto esta noche! Y es que lo que no sabía era lo que nos esperaba más tarde, y que el susto grande estaba todavía por llegar.

Ya llegando a la altura de La Carbonera que se veía humeando le digo a Pepe “Oye no se tu, pero a mí el esfuerzo me ha dejao sin fuerzas y estoy pegao de sed ¿y tú?” Pepe contestó “yo estoy igual que tu y además reventao”.

Entonces le digo “vale tu quédate aquí, que yo sé de una viña que tiene unas buenas uvas y por lo menos cogemos fuerzas pa llegar a casa”. Y entonces salté una verja y me fui unos treinta metros adentro de la viña y vi unos racimos enormes y sonriendo los corté y llamo a Pepe en voz alta “mira Pepe, mira que gajos (racimos) de uvas”. 

Y me quedé un rato así con los brazos en cruz en aquella noche de luna llena, en esto que siento que alguien me pone la mano el hombro y al darme la vuelta veo a un hombre todo negro como el carbón al que solo le brillaban los ojos y los dientes que castañeaban y decían con voz cavernosa “aaaaggggggg me cachen la mar que te matooooooooo aaaaaggggg” y vi como levantaba un palo. Huy madre pensé “juyan” los míos y salí como un resorte con los brazos en cruz sin soltar las uvas corriendo. Fue instantáneo, no transcurrió ni un segundo y corría y corría sin parar, y es que ya sentía el palo en las costillas.

En esto que Pepe ya había iniciado la huida zurrado de miedo también, claro el estaba al lado de la carretera, con lo que tenía más ventaja. Yo recuerdo llegar a la verja y era alta, pero del susto que llevaba la salté con los brazos en cruz (eso sí, sin soltar las uvas), toqué con la barriga arriba y di una voltereta de circo y al llegar al suelo salí corriendo como un gamo, Pepe miraba extrañado para atrás por tan astuta maniobra, yo ni de eso me di cuenta, para que vean que susto llevaba.

Tanto corría que al cabo de un rato ya dejé a Pepe atrás hasta que me dijo “chacho para que ya no viene nadie detrás”. Pero es que yo seguía con los brazos en cruz sin soltar las uvas.

Y bajamos el paso con la cabeza baja y nos pusimos a comer las uvas a “atragantones” del sofocón que llevábamos.

Al cabo de un tiempo me encontré con el guarda de la Carbonera que había al lado de la viña y me dijo “que susto te di la noche de las uvas amigo”. Y nos reímos un buen rato mientras le comentaba la peripecia de aquella noche en la que fuimos de garulla.

“Garulla, noche y carbonera
Un buen susto os espera”

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