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martes, 3 de junio de 2014

Aquellos tiempos de La Picaraza


Aquellos tiempos de La Picaraza (BASADO EN UN HECHO REAL)

Era en verano de 1980, contaba el muchacho con 16 años y como eran las fiestas patronales y por entonces siempre se compraba la gente algo nuevo, había estrenado unos pantalones blancos y un polo a rayas, conjuntado con zapatos y por supuesto “repeinaino” y oliendo a Varon Dandy (que se llevaba en la época).

Había una moza que le gustaba y estaba dentro del baile de La Picaraza, entonces uno de los amigos le dice:

– Han quedado unas chicas que abren una las ventanas de la puerta y me ayudan a colarme entre las rejas ¿alguno se atreve?

El muchacho no estaba por la labor y no hizo mucho caso, en esto que le empiezan a insistir.

- ¡Venga hombre! Que está chupao.

Tanto y tanto insistir y como no se amedrentaba de nada y no quería ser menos que nadie, pues decidió seguir los pasos del amigo. En esto que unas mozas abren las ventanas y empezaron a colarse. Como era el paso tan estrecho entre las rejas, todo era a base de tirones desde dentro y empujones desde fuera. 

El amigo entro a duras penas, luego siguió otro y en tercer lugar le tocaba a él. Claro que lo que no contaba era que era mucho más alto que los demás, con lo cual el tiempo en colarse sería mayor. Empezó con los brazos por delante y las mozas tiraban con fuerza. Cuando ya tenía medio cuerpo dentro sintió que le agarraban por fuerza del zapato y sintió un dolor tremendo en las posaderas, propiciado por una fina “vardasca” de olivo que tenía una de las dueñas del baile (Beatriz).

Las chicas tiraban para dentro con fuerza y Beatriz para fuera, a la vez que atizaba con ganas en las nalgas. Al final consiguieron meterle dentro, y con ello pasar el susto, solo que en la refriega había perdido el zapato derecho. Ante esto, el muchacho se tuvo que quedar toda la noche sentado sin moverse del sitio, y viendo como Beatriz daba vueltas vara en mano buscándolo.

El baile iba pasando, las rumbas, pasodobles, los bailes sueltos, y los agarraos con aquella bola que iluminada de luces violetas y la gente a la que solo se le veían los ojos y dientes blancos.

Termina el baile y todo el mundo sale a la vez, en esto al pasar por la zona de la entrada le plantan un “guantazo” en toda la cara ¡ZAS! El oído le quedó pitando un buen rato hasta que reaccionó y dijo:

- ¿Por qué me pegas?

Beatriz contestó:

- Porque te has colaó.

El muchacho contestó:

- ¿Y tu porque sabes que me he colaó?

Entonces ella le arreó con el zapato en el culo y le dijo:

- Porque eres el único que le falta un zapato. Así que anda muchacho y cógelo que es tuyo.

Y el muchacho se fue a casa con la cara y las posaderas calientes y encima sin poder haber echado un baile.

MORALEJA: Si quieres bailar, el zapato no has de dejar.

COMO ES SANO REÍRSE DE UNO MISMO Y DE MAL GUSTO HACERLO DE LOS DEMÁS, OS DIGO QUE ESE MUCHACHO ERA UN SERVIDOR.

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